La ciudad de los pájaros.

Contaba Aristófanes, en un tiempo pasado del que milenios les separaban, que Pistétero, arquitecto celeste, quiso convencer a su comunidad para que se embarcara en una empresa titánica de extraordinaria dificultad técnica: construir Nefelococigia, la ciudad de las nubes y los pájaros. Muchos charlatales se apresuraron vender sus recetas mágicas para realizar la hazaña: adoradores del fuego, comedores de serpientes, intérpretes del vuelo de las aves, alquimistas de argamasas mágicas hechas de sangre de vestal y grasa de náyade, y un largo sin fin de timadores vistiendo el himatión, se dieron cita para venderle sus recetas. Ni que decir tiene que aquellos tiempos carecían de los rudimentos tecnológicos, la capacidad industrial y la comprensión socioecómica para enfrentar exitosamente dar cuerpo a tamaña creación.

El sueño de Pistétero dejó atrás su calidad etérea cuando Konstantin Tsiolkovski presentó el primer diseño funcional de una estación espacial. El diseño de nuevas aleaciones, descubrimiento de mejores combustibles y la aparición de organizaciones sociales capaces de integrar complicadísimos cálculos matriciales en recursos y trabajo humano requerido, fueron abriendo brecha entre las densas selvas del futuro.

En la órbita inferior de este gigante gaseoso llamado Saturno se extiende una red de de ciudades verticales aeroestáticas. Miles de años y decenas de miles de millones de humanos después, la época de los castillos en el aire había llegado. Su interior hacía real las ideas de Gyula Kosice: un auténtico urbanismo espacial. Un lugar preclaro, transparente, cristalino, un remanso de paz en la troposfera que, bañado por un sol y bendecido por la cercanía deslumbrante de los anillos saturninos, 

ofrece una visión promisoria de cielos abiertos que alimentan una conciencia planetaria. Hemisferios, círculos, cilindros. Administración del azar, deporte ambiguos indefinidos con campeonatos y victoriad donde encerrar la competencia y transformarla en virtud cívica no en una carrera por quitarse el pan los unos a los otros. Hábitat polifónico de sentido compartido, y algo de zaum, lengua mas allá de ese sentido, aspirando a respirar el otro mundo del grafema. Administración de las cosas, autogobierno por azar, sorteo insaculación. El recreo de intelectual, el esparcimiento lúdico, el júbilo deportivo.

Ejambres de decenas de miles de drones metaformoseandose en animales marinos, recreando escenas de caza paleolítica, imitando maravillas naturales como Gunung Mulu, el Monte Roraima o Pamukkale; y formando hitos monumentales como los Jardines Colgantes de Babilonia, la Pirámide de Guiza o Santa Maria del Fiore. Tambien piezas lumínicas con gases nobles, esculturas cinéticas y diseños arquitectónicos que utilizaban las sinuosas formas del agua. El Distrito logomaníaco copado de ágoras, pórticos y palestras. Ahí todo eran concursos literarios públicos, competiciones de debate, contiendad de filípicas. Las casas formaban patrones circulares que a vista de pájaro ofrefía un fuerte rasgo reminiscente al corte transversal de un árbol. Planta de té de óvalos concéntricos. Tenía la extraña sensación de que, si pudiera verla desde un plano cenital, la plantación tendría seguro forma de huella dactilar. Justo en la avenida que desemboca en la plaza central, una prominente placa de bronce, que conmemoraba el fin de las obras de construción de la estación, rezaba:

«En este día meritorio, recordemos a aquellos santos de la Humanidad, y rehuyamos la idolatría de los grandes nombres. Reconozcamos agradecidos a todas esas masas desconocidas que con su anónimo sacrificio contribuyeron al progreso físico, material, espiritual, científico y moral del género humano».

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